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viernes, marzo 05, 2010
ERM (YERMO)

- Te conté el sueño, y después te hablé de la pesadilla, era como un pedazo roto de cristal contra el que se frotaba el vacío que ha quedado. Después hice lo que me dijiste, olvidarlo todo. Me fui al mar. Y la pesadilla sucedió allí. Pero no era para mí.
Los días que estuve allí traspasé los límites del cansancio. El mar era gris y frío, como te dije en el mensaje que te envíe aquella madrugada, del color del plomo fundido, mientras el mar en el que tú estabas, imaginé era distinto. Desperté por la mañana. No solemos despertar todas las mañanas aceptando las cosas pequeñas, por norma. Pero la vida está hecha de cosas pequeñas, o de alguien a quien ver, que esté allí al despertar. Es un equilibrio interior poco frecuente, y es la única paz que conozco. Raquel ya estaba despierta, la habitación libre donde me alojó quedaba algo alejada de la suya, así que no la escuche levantarse, ni como después supe, discutir por teléfono. Era temprano, apenas las diez de la mañana de un nublado día de primavera con una descolorida luz de invierno que se colaba por las ventanas opacas. Me levanté y caminé descalzo, el suelo estaba hecho con pulidas laminas puestas de canto que crujían a cada paso, igual que el quejido de un cansado buque de pasajeros. Casi podías sentir en la planta de los pies la minúscula trama de grietas en la superficie barnizada. Una ligera llovizna empapaba la infamia de aquella ciudad portuaria, marcada de hollín y herrumbre después de lejanos años de actividad industrial. Solo con mirarla se clavaba instantáneamente la culpa, más cortante y más profunda aun, en aquel lugar donde conocemos nuestra propia vergüenza e indignidad. Raquel llamaba Humo, a su ciudad. El mar del norte era una lengua fría lamiendo los labios de los muelles, desprendiendo escamas oxidadas de las bitas en las que los barcos permanecían amarrados. Cuando paseaba por allí, Raquel decía que pegando bien la oreja, y si sopla el viento, se puede oír el canto del mar junto al quejido de las amarras.
Esa mañana ya no escuché su voz antes de marcharse, solo la puerta al cerrarse. Salí de la habitación, hasta el salón, me senté como la madrugada anterior frente al piano de pared donde ella llevaba más de doce años contando su historia. Solo ha quedado ESTO grabado esa noche, mientras ella lo tocaba a oscuras una y otra vez y el viento traía el sonido de una fábrica del puerto a través de la ventana. Yo intentaba escribirte sentado en el sofá, con el ventanal abierto cara al mar, y las luces de la ciudad tiñendo levemente de ámbar mi cuaderno. Ella, con los ojos cerrados y la cabeza ladeada, dejaba que la memoria de sus manos repitiera ese fragmento mientras sus lágrimas caían sobre blanco y negro. De no estar tocando el piano, si todo hubiera estado en silencio, esas lágrimas habrían sonado como un reloj lento.
No sé cuanto estuvimos así, varias horas, hasta que detuvo sus manos y abrió los ojos, me miró como quien busca un hogar lo suficientemente grande para quien sabe cuantos, incluidos todos sus sueños.
- No dejes que el pánico acabe contigo, me dijo en un susurro.
Y yo sentí algo. Como esa última pesadilla que te conté, pero más aterrador.
Después se marchó a dormir. La observé alejarse por el pasillo, era como si hubiese soltado amarras, desprendiéndose del mundo.
- Esa mañana, tú tendrías que haber ido también, ¿verdad? - Glory me observaba desde el otro lado de la mesa, sus ojos, muy claros y abiertos, eran los de alguien que mira desde el fondo de unas aguas tranquilas. Se acariciaba los blancos brazos, un gesto de autoabrazo sin definición, como cuando sueño, esos sueños de distinta textura en los que ella aparece, derritiéndose en sombras cuando despierto.
- Sí, pero ella había discutido con él, por eso no me despertó, por eso fue sola. Hace una semana que regresé. Anoche recorrí en taxi las viejas calles de tantos años. Glory, no puedes imaginar la cantidad de gente perdida que encuentras a esas horas de la madrugada, es grotesco verlos desde el silencio del coche, allí fuera, parecen irreales, tratando de no mojar el suelo con la lluvia que les cae. Caminando por un yermo… Al final, el olvido va más rápido que uno.
- ¿Y yo?
- Tú…
Hijo de Puta. El tiempo.
P.D.: To Have Wondered (1943-1996) de Dakota Suite. Su MySpace.
Comentarios
- said ... (12:14 AM, marzo 08, 2010) :
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tic tac
tic tac
tic tac
.. ..
Raquel

