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miércoles, noviembre 29, 2006
EN SILENCIO

Conversaron por teléfono mientras él paseaba por un patio del s. XVII con el suelo empedrado cubierto de musgo empapado por la humedad del anochecer. Ella, transcurriendo desde un autobús desconocido. Intentando explicarse en rachas débiles, como pequeñas olas venidas de muy lejos, él, el porque de su silencio, ella, las razones de su ausencia. Fue nombrando cada paso por el tapiz a sus pies, lentamente, para no olvidarlos, rodeado del penetrante olor de unos grabados de madera barnizados. Pájaros inmóviles en una jaula sin barrotes, deteniéndose en su...
reflejo
esperando
escuchando
la suave voz de ella desde sus certezas inamovibles de lo que fue y sería. Respondiendo él a través de un incomprendido retorno, absoluto, de esa travesía, desde esa orilla en la que espera anclada su propia Nellie. En silencio.
Conversamos mientras dibujaba con el perfil de mis pies la alfombra verde. Incapaz de traspasar la barrera de tus vocales de fronteras cerradas, de consonantes fortificadas. Con mi reserva de puntos de destino agotada y el barniz punzante en el aire. Con tus preguntas aun después de tanto tiempo y sus respuestas a pesar de ello. Mientras esto ocurre, al menos, no hay nadie más entre nosotros.
Conversamos con el pasado acelerado por el tiempo, esfumado en el frío, oculto en lo más cercano a las tinieblas, arrojado. Porque ha de ser así, en algún lugar está escrito.
Al final siempre me quedo igual. Intentando encontrar en este balcón un hueco libre donde ponerme a secar. En silencio, como el que decide no volver a hablar porque ya no hay nada que decir que merezca la pena.
P.D.: Canción Triste de Jesse Cook.

Cada vez se ven menos balcones con ropa a secar, cada vez tenemos enos tiempo para pararnos a secarnos.